Carolina |
![]() "Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento...Mi caída sin fin; nadie me aguardó, pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma" (Pizarnik, Alejandra)
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Estoy enamorada de Cuba. No es un capricho de un par de días. Una vez te enamoras de ella, necesitas verla a menudo. Una relación a distancia siempre es difícil. Pero si realmente amamos, estamos siempre presentes. Cuba, te amo en la distancia, te extraño como si fueras mía. Y no, no quiero que pienses que si te tuviera cada día conmigo acabaría por odiarte. La convivencia es complicada y sé, que tal vez, encontraría en ti pequeños errores. Pero te amaría igual, con tus defectos, tus virtudes, tus pequeños recovecos, tus ojos en los cuales se esconde el misterio del Malecón y tu ropa con olor a tabaco. Así es cada cosa tuya y cada cosa mía que, a veces, amo con toda su porquería. Camino por las calles de tu alma, surco cada edificio de tus sueños rotos y siempre me dices que soy afortunada. Qué tú no eres yo. Y tan sólo quiero saberte mía, porque eres tú lo que me hace falta, Cuba. Dormir al lado de tu cuerpo siempre caliente, nadar en tus aguas siempre templadas y bucear en tus senos de peces tropicales. Levantarme y saber que estas ahí, amaneciendo triste pero, a su vez, con una fuerza que tan sólo tú sabes transmitir. Y te envidio, Cuba mía. Hazme una transfusión de tu sangre joven e invítame a bailar siempre contigo. A veces pienso en olvidarte y pensar que jamás te he conocido. Pero esos días que pasé a tu lado me enseñaron la otra cara del mundo. Y me dí cuenta que atravesé el charco sin mojarme. Que pisé tu tierra para llevármela en mis zapatos. Qué fui realmente humana. Qué viví cada minuto como lo hacías tú aún presa de grandes injusticias y de tristezas perennes. Dices que nada cambia en ti, que siempre eres igual. Y yo te contemplo azarosa, ágil, cambiante y sensual. Una gran mujer en una cárcel con puertas abiertas. Una mujer imperio, digna, señorial. Y es que estoy enamorada de ella y no es un capricho de dos días. Cuando llega un momento que ser uno mismo es cansino sólo nos queda jugar a ser otro.¿ Y cuando este juego finalmente nos aburre? Sólo queda el absurdo, apartarse, mirar el juego desde fuera. No soy nadie, porque siempre me juzgaron de ser “ alguien”, de ser “ eso”, de ser “ así”, de ser tantas cosas que ya ni recuerdo porque me siento fuerte para no recordarlas y, ni siquiera, evocarlas. Centrar la vista en mí misma, sin olvidarme que el mundo es simplemente eso, un mundo perfecto. Podría hablar de mis pesadas cadenas. ¿ Pero que hice para tenerlas que arrastrar siempre conmigo? Hasta un reo se sentiría más libre. Porque morir no es un peso si tomamos conciencia de que es algo que está ahí. Y cuántas cosas están, pero no las vemos, cuántas lágrimas vertidas sobre muros de cemento, cuánta lacra universal ensuciándonos la piel. Déjame que te cuente, no soy una actriz, simplemente quiero que me dejes hacer y deshacer a mi humilde manera. Sí, sé que cuando andas mirándote los pies, andas mirándote el alma. Y sólo me queda observarte, estar a tu lado, quererte. Creerás que no tengo la suficiente paciencia para encontrarte pero perdóname si mi mundo interior es tan grande que me pierdo en él y no sé dónde encontrarte. Te escondo detrás de arboledas, te escondo ante mí para no perderme. Y me pierdo en la horrible lucha de que , por fin, algún día, me conozcas. ¿ Por qué no me ves más allá de mis sonrisas idiotas, de mis silencios incómodos, de mis prejuicios-juicios? ¿ Por qué no quieres o no pareces conocer mi pequeño universo? Si me mostrara ante ti, tan sólo un poco, huirías. Y ya estamos de nuevo...¿ Acaso soy Dios para poder decidir tu libre albedrío? Sé que detrás de tus medias sonrisas me estás descubriendo. Me ves entera, pero me hablas a medias. Pero no quiero engañarme. Todos lo hacen. De mientras me conformo con una copa, una buena copa. Henry Miller una vez escribió “ te voy a meter la matriz del revés, Tania”. Así creo que funciono, no me gusta el dolor pero me encanta observarlo en boca de otros. Pero mi boca, ante él, ya está sellada. ¿ Cuántas millas me faltan para llegar al final de this road? ¿Cuántas caídas, cuántas caras largas, cuántos reproches me quedan para finalmente ser? Lo mandaría todo al carajo, si fuera posible. Maldita cobarde, alguien podría decirme que soy más puta que las gallinas. ¡Siempre tuve que ser perfecta! Se esperaba tanto de mí que de tanto esperar todo se desvaneció y aparecí imperfecta, heterogénea. Así es. El miedo es lateral, coetáneo a todas las cosas. Antes no tenía miedo. Pero antes era antes. Me gustaría poder echar la culpa a alguien. Sería más fácil. Emitir un juicio, poner una etiqueta. Pero de nada serviría, ya que esas mismas etiquetas encarcelaron mi libertad. La palabra desconfianza me lleva a la desidia. Me pregunto porque existirá esta palabra que nunca se puede disfrazar. La palabra amor me desconcierta. Incapaz de vivirlo como un río que fluye solo, sin fuerza. En armonía. Ahora el tiempo está entre mis piernas. La vida se me escapa. Cómo corre, apenas la veo a lo lejos. Y por las calles ando sola, creyendo que un día despertaré de mi gran sueño. En el mundo de los ciegos, tengo una visión infinita. Vuelo a través de mentiras. Ismael me sirve un café con leche. Se sorprende de la hora qué es. Demasiado temprano. Nunca leo el periódico por la mañana. No quiero enfrentarme a la realidad con los ojos aún cerrados y la mente en mis bellos sueños. Prefiero ver a esas chicas ejecutivas, trajeadas de negro. Huelen a maquillaje y a perfume. Corren de un lado a otro. Parecen tan vivas y están tan muertas. Al menos tienen algo fijo. Hablan de trabajo. Qué bello tener poco de que hablar, qué felicidad. Lo peor es tener demasiado de que hablar y pocos receptores. Antes era alguien, antes tenía un nombre. Pero antes siempre fue una utopía, un vago recuerdo de infancia. Ayer podía ocultarme, jugar a ser otra. Ahora, el tiempo del desencanto, soy así, un ángel caído del cielo.¡ Soy así! ¿No te gusta tu ángel con alas negras? Pobrecito, preferirías que apareciera en tus mejores momentos. No soy mujer de estrategias, no soy una femme fatale. No me alejaré de ti para que te acerques. No soporto vivir en la ansiedad, estar sedienta de una palabra amable. No me alejaré de ti para que me encuentres. Preferirías que lo hiciera, al fin y al cabo debería ser yo la conquistada. Pero soy víctima, finalmente. Mi sensibilidad es tu arma de doble filo. No concibo la vida sin amanecer al lado de un cuerpo aún caliente. No amo a las personas, amo lo que me hacen sentir. ¿Tan terrible es eso? Estoy partida en dos, y no se recoger los pedazos. Por eso nunca parezco sincera, soy la gran mentirosa. Pero cuando soy sincera siguen creyendo que, detrás de mi llanto, existe un guión, un absurdo guión regido por tópicos. ¿Qué solución me queda? Las palabras me infunden miedo. Pero las necesito. Horribles, tenaces, persistentes, orgullosas. Malditas palabras. ¿Qué hay detrás de ellas? MIEDO Era él. Ahora sonaban en la radio unas piezas de música clásica. Cuánto tiempo había sido tan sólo un sueño. Todo había sido un espejismo. Y ahora tocaba vivir en la soledad de un recuerdo, a su sombra, a su lado, de espaldas. Pero aún así creía que en su balanza los buenos momentos hacían que se desequilibrara. Y decidió esperar a que un día él le volviera a sintonizar la radio. - Hola, no pensaba que volvieras a llamarme. Ya se sabe que después de hablar con él eres una pobre niña indefensa y todo te duele. Dan ganas de partirte la cara con una buena bofetada y decirte, ¡cállate niña malcriada! - No sé, me apetece un beso largo y luego un abrazo. Muchos muchos besos de caramelo, de infancia, de algodón. Muchos besos de parque, de cielo, de barca, de estanque. Besos que sonrojan las mejillas. En fin, sabes qué, cuando quiero seducir a un hombre soy lolita y cuando quiero seducir a un niño soy poeta y maestra. Leí a Navokov a los 14 años. Eso lo resume todo. - Que significa para ti el sexo? - No sé.. Tal vez una unión, un sueño, la muerte, lágrimas. Un huracán que se lleva mi cuerpo, mi alma, mis fragmentos, mis recuerdos. Compartirme.. - Hace poco me compartí con una desconocida. Lo hice de una forma visceral, es una receptora perfecta. Me encanta hacer estas cosas, aprendo tanto de ellas… tanto. - Eres ambiciosa? - Normalmente sí. Pero ando triste, y la tristeza se come mis ambiciones. -Pareces muy pasional, una pasión con un punto perverso. No sé, te hace más segura…. Te mueves más por poesía. Yo, por metáfora. mi espejismo es mas un juego de asociaciones e impulsos del sentimiento que intento dar cordura o razón solo en el caso del desbordamiento…Soy racional hasta cuando me dejo llevar. Tiene muchísima gracia. - ¿ Por qué estás triste realmente? ¿ Crees que todos tus problemas son causados por tu actitud? - Yo, lo único que creo es que ese huracán se lo llevó todo. Y ahora estoy agarrada al único pilar que resistió a su fuerza. Ahí, esperando a encontrar una solución, pedir ayuda, moverme. Me siento pidiendo limosna, implorando un resquicio de amor. Quiero que las canciones sean un poco más alegres. Sí, sé que escuchas la misma cadena y quizá él también querría escucharla pero sus oídos están ya tan lejos de mi música. Fue divertido verle. Por un momento creyó que ambos estaban en el mismo lugar. Se reían. Ella intentaba buscar su mirada, decirle, ¡eh! Aquí estoy, soy yo, la misma de siempre. Pero se sentía un fantasma del pasado, un espíritu enrabiado, melancólico agarrándose a la vida siendo reina de todas partes y esclava de su presencia. Sentía serpientes en su vientre, hielo en su sexo, yeso en el corazón. No era dueña de si misma y sólo pensaba en como resucitar ante él. Se imaginaba ante él desnuda, débil, vulnerable, salpicando lágrimas por los ojos, vomitando tristeza. Él sacaría una pistola, la pondría de espaldas, deslizando la fría punta de la pistola por su piel. Entonces ella se giraría, intentaría sacarle la pistola, comprar la compasión entre sus piernas y al primer suspiro arrebatarle el arma. Y es que se había vuelto loca de amor. Un día fue la reina. Un día brillaba. Y él decía “ es como si hubieras dejado de brillar…”. Murió cuando oyó esas palabras y se imaginó siendo un sol en el ocaso, a lo lejos. Como esos días de invierno que aún calienta el sol pero sigue haciendo mucho frío. Hoy ya me cansé de mirar al mar. Sintiendo las viejas nostalgias, los recuerdos impagables, las sonrisas que jamás se repetirán. Hoy volví a beber café. Un viejo hábito molesto y delicioso. Qué sería del invierno sin un café bien cargado por la mañana. Últimamente ando metida en eternos silencios. No hay nada que decir, y siento miedo. Pero esperaré, por si acaso. Aunque, ya me cansé de mirar al norte, de mirar a la misma dirección, de mirar atrás y de reojo. No hay nada que decir, y eso empieza a asustarme de verdad. ¿ Acaso no lo crees? Yo también soy pequeña y frágil. Y sufro cuando no estás, no soy tu madre, pero soy un ángel. Y quiero protegerte, tal vez, porque ya no sé cuidar de mí misma o ya no necesito hacerlo porque me crecí ante la adversidad. Después de horas a tu lado, empecé a creer imposible el hecho de amanecer en la tan temida soledad y, de repente, verte ahí, tumbado hacia un lado, mostrando solo tu espalda y acercarme, olerte, sentirme plena. Ya lo ves, las mañanas son vulnerables y las noches guerreras y valientes. Hundir mi nariz en tus cabellos y sentir la vida enraizada en tu pensamiento. Olerte nada más, meterme dentro de tu ombligo. Y daré lo mejor que hay en mi, si es que aún me queda algo en el baúl de los secretos. Porque toda yo soy un gran secreto, el enigma aparentemente sencillo, tú vida y tu muerte, la gran elegía, la muerte súbita. Quiero subir por tus piernas y arrancarte el corazón. Maldita dueña de mi misma, ahondas en terribles añoranzas. Aún no sé si he permitido que el sueño venza a mi Me repito hasta la saciedad. A veces resulta agotador, insípido, humillante. Qué viejas son mis palabras. Las siento Pero no puedo ayudarme. Hace tiempo que dejé de creer en las mentiras. Cansina,penitente, esclava. Así son las palabras que desgarran mi existencia futil. Me agarro a la sonrisa y la estiro hasta que la boca revienta. Tus ojos son imborrables y tu recuerdo una mala borrachera, una resaca idiota, insoportable. Camino a tientas. O, quizá, sólo me arrastro entre la maleza. Soy un gusano inquieto e inmundo. Así, viviendo en la tibieza de tu cuerpo. Me retuerzo en tí, buscando un calor inexistente. Así voy dejándome ir... Buscando mi hogar, siempre buscándolo. Y así estoy, sin techo. Y siempre, agotadora ante los demás. Gusano impertinente. |
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